La barba, la nueva conquista de los microinjertos

El jefe de servicio del Hospital Ramón y Cajal, nuevo presidente de la AEDV
7 junio, 2014
Los peligros de la depilación púbica
1 julio, 2014

La barba, la nueva conquista de los microinjertos

  • Es uno de los tratamientos estrella de las clínicas privadas y el secreto a voces de algunos de los rostros más conocidos. Dicen que actores de la talla de John Travolta o el famoso futbolista Wesley Sneijder han sucumbido a los prometedores resultados de los microinjertos de pelo para recuperar el cabello perdido. En España, cada vez que trasciende el rumor de que alguno de nuestros deportistas, políticos o artistas se ha sometido a esta técnica, las consultas en las clínicas de cirugía estética experimentan un pico a lo alto. Así ocurrió cuando se hablaba de la imagen rejuvenecida de José Bono en 2009, de Hilario Pino en 2011 o de Iker Casillas en 2012. Tal ha sido su éxito que incluso en algunas ciudades como Nueva York se ha extendido su uso no sólo para tratar la falta de pelo en la cabeza sino para seguir la moda de las barbas hipster e incluso algunas mujeres los reclaman para repoblar el área genital.
  • El origen de este tratamiento fundamentalmente estético está en Japón, en la década de los 30, cuando un dermatólogo lo empezó a utilizar para poblar de cabello áreas quemadas o cicatrices del cuero cabelludo de pacientes quemados. Así lo describe la revista Journal of Dermatologic Surgery & Oncology. Sin embargo, no fue hasta 1952 (después de la II Guerra Mundial) cuando otro dermatólogo, Norman Orentreich, lo usó por primera vez en un hombre con alopecia androgenética. Fue en Nueva York, y su experiencia se considera el primer precedente del tratamiento actual. Su trabajo demostró que en este tipo de calvicies, la zona de la nuca y los laterales del cuero cabelludo resisten al proceso de la caída de pelo.
  • Por aquel entonces, “se utilizaban implantes formados por un grupo de pelos y ahora se trasplanta folículo a folículo“, destaca el cirujano capilar Víctor Salagaray. Y esto, apostilla Sergio Vañó, dermatólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, “da un aspecto mucho más natural y estético”.

 

Un trabajo microscópico

  • El procedimiento actual consiste, en primer lugar, en extirpar una tira de la nuca (más o menos de un centímetro de ancho por 20 de largo), “la cicatriz es imperceptible”, remarca Vañó. De aquí salen unos 3.000 pelos, que dan para cubrir la frente y las entradas. “Mediante microscopio, se va cortando uno a uno (proceso en el que se tardan unas cinco horas) y se realizanmicroorificios de menos de 0,5 milímetros en la zona alopécica en donde se implantarán los folículos, algo que se realiza en el mismo acto quirúrgico”. Como explica el dermatólogo, “solemos participar entre seis y siete personas (uno o dos médicos, tres técnicos y un auxiliar”. Por eso, el procedimiento suele ser caro, “entre 6.000 y 10.000 euros” (para tratar la falta de pelo en la cabeza).
  • La operación, dependiendo de la extensión a tratar, puede durar unas seis o siete horas, siendo el máximo por sesión el implante de 3.000 folículos. Para cubrir todo el cuero cabelludo, agrega Vañó, harían falta dos tiras de la nuca para lo que se recomienda que haya un año de separación.
  • Aunque la anestesia es local y no requiere hospitalización, el paciente notará inflamación y ligeras molestias en los días siguientes al implante. “A las 24 horas se verá las costras. A los 10 días notará como pelillos rapados. Por el shock de la cirugía, tarde o temprano, se terminan cayendo todos hasta que sale cabello definitivo. Como solemos decir, en general, la foto de esta intervención se suele hacer al año de la cirugía”, apunta el dermatólogo del Ramón y Cajal.

 

Microinjertos más allá del cuero cabelludo

  • En los últimos años, el campo de acción de los microinjertos se está extendiendo a otras zonas, como las cejas, las patillas, las pestañas, el bigote o la barba, una demanda que empieza a hacerse patente en las clínicas de estética de algunas ciudades como Nueva York, aunque “en España no se pide mucho”, puntualiza Vañó.
  • La conquista de los microinjertos abarca incluso el área genital de las mujeres, señalan los expertos consultados por EL MUNDO. Con la edad, explican, especialmente tras la menopausia, el pelo de esta área se debilita y se cae. “En mi consulta también vienen algunas mujeres jóvenes que en su momento se depilaron más de la cuenta”, comenta Salagaray.
  • Lo que “más vemos son personas interesadas en los microinjertos por alopecias (el 80% son hombres y el 20%, mujeres) y para tapar cicatrices en la cabeza (por quemaduras o algún trauma)”, asegura Salagary. Después, por orden descendiente, lo más demandado son los implantes en “las cejas (sobre todo en mujeres), los de las pestañas están empatados con los que se hacen para la barba (en mujeres y hombres, respectivamente), luego viene los del pecho (hombres) y por último, los del pubis (mujeres)”.
  • La técnica en todas estas variantes es la misma. Se extraen unidades foliculares, fundamentalmente de la zona occipital del cuero cabelludo, zona donante por excelencia, y después se injertan en la región receptora. Como curiosidad, para cubrir la barba entera, se requerirían unos 1.500 folículos y para las cejas (dependiendo del grosor deseado), unos 200.
  • No sólo es diferente el número de pelos necesarios en cada región, también el tipo de vello propio de la zona. Este es uno de los motivos de que los microinjertos en las pestañas, salvo casos muy puntuales, no merezcan la pena, según los expertos consultados por este periódico. “Es muy difícil imitar la curvatura y la delicadeza de la pestaña”, señala el presidente de la Secpre, Miguel Chamosa. En palabras de Salagaray, “existen efectos secundarios a nivel del párpado. Se enquistan los pelos. Es una zona muy delicada y aunque la incisión sea microscópica genera cicatriz”. Teniendo en cuenta, que “hay un medicamento tópico (latanoprost) que parece dar buenos resultados a la hora de aumentar la longitud, el grosor y el número de pestañas, no merece la pena realizar esta intervención”.
  • Por otro lado, el pelo facial tiene una velocidad de crecimiento menor que el del cuero cabelludo. Por esta razón, cuando los folículos trasplantados, por ejemplo en la ceja, proceden del cuero cabelludo, hay que cortarlos repetidamente.
  • Lo ideal, asegura el dermatólogo del Ramón y Cajal, es que “el pelo donante tenga características lo más parecidas posibles al pelo del área donde se quiere insertar”. Una revisión publicada en la revista Facial Plastic Surgery Clincis of North America en agosto del año pasado, repasaba el uso descrito de vello procedente de otras localizaciones como la barba, las piernas y el pecho. “Se pueden coger también folículos del dedo gordo del pie”, apunta el cirujano.
  • En el caso de las cejas, el vello de las extremidades, de la axila o incluso del pubis da mejores resultados estéticos, ya que “es más fino y cortito que el del cuero cabelludo”, apunta Vañó.
  • Lo que ocurre es que los microinjertos extraídos de las piernas, expone Salagaray, “son más difíciles, la cantidad de pelo que se puede extraer es menor y resulta más traumático. Aunque las incisiones sean pequeñas [de menos de 0,5 mm] puede dejar cicatrices”. Ambos especialistas coinciden en que hay que valorar caso por caso. Para la primera línea de implantación capilar (en la frente), “se pueden intercalar los microinjertos de las piernas con los microinjertos estándar [de la nuca], consiguiendo así un aspecto más natural”, comenta el dermatólogo.
  • “Hemos probado de todo”, reconoce el cirujano, pero al final, “en el 95% de los casos, elegimos la zona de la nuca porque cualquier tipo de señal que podamos dejar no se va a notar y porque permite coger más cantidad de folículos, que ofrecen pelo fuerte y de calidad”.

 

Injertos de 30 años

  • Según la International Society of Hair Restoration Surgery (ISHRS), en todo el mundo se producen cerca de 300.000 trasplantes capilares anualmente y en España unos 5.000, sobre todo por alopecia androgenética (o hereditaria), que es la causa más común de la caída de pelo, tanto en hombres como en mujeres, y en la que generalmente el pelo de la nuca permanece. Los folículos pilosos de esta zona, explica el dermatólogo, “son genéticamente resistentes a la calvicie”, por lo que “incluso al trasplantarlos a otra área del cuerpo los resultados también son permanentes”. De hecho, remarca el cirujano capilar Salagaray, “tengo pacientes que mantienen los injertos que hace 30 años les pusieron (fue en los años 90 cuando esta técnica empezó a desarrollarse bien y a partir de 2000 cuando se extendió su uso)”.
  • A pesar del resultado permanente de esta técnica, ambos especialistas hacen hincapié en que el paciente debe seguir con el tratamiento farmacológico para evitar que el resto del pelo [no trasplantado] se pierda. En este aspecto, agrega Salagaray, “existen muchos timos en cuanto a crecepelos. Cada año sale uno nuevo”, pero, recalca, “sólo hay dos medicamentos (minoxidil y finasteride) con estudios científicos serios capaces de frenar el proceso de alopecia (en el 70-80% de los casos) y, si ésta es muy inicial, incluso ayudan a recuperar parte del cabello perdido (en el 30% de los casos)”.
  • Pero no funcionan en todos los casos en los que un individuo detecta caída de cabello. “A veces, este problema es un efecto secundario de otras enfermedades (como la anemia, lupus, etc.), por lo que tratando su causa se soluciona el proceso de alopecia”, argumenta Salagaray. Por eso es muy importante que sea el médico quien, haciendo un buen diagnóstico, indique dichos medicamentos. El experto pone un ejemplo: “Si la caída de pelo viene dada por un hipertiroidismo, los fármacos para la alopecia no servirán de nada”.
  • En cuanto a la técnica de los microinjertos, también debe estar indicada por el médico. No tanto por sus complicaciones (apenas un 3% entre cicatrices por el inadecuado cierre de las heridas, necrosis de la piel o que los cabellos no rindan como se espera), sino por la previsión de los resultados. Al igual que no funciona cuando la alopecia es consecuencia de una enfermedad que no se trata (es decir, las que no son hormonales), tampoco ofrece buenos resultados en las alopecias autoinmunes, como la areata.
  • En cuanto a las alopecias en las que la microcirugía capilar sí puede estar indicada, el médico también valorará, además del buen estado de salud del paciente, si la densidad capilar es suficiente. Para este  tratamiento, señala el cirujano, “el paciente tiene que conservar como mínimo por encima del 30% del pelo. Si ha perdido más del 80%, la el trasplante no está indicado“. Por eso “decimos que cuanto antes se haga, mejores serán los resultados”.

Fuente: El mundo/Salud

Comments are closed.