¿Una cuestión de dinero?

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¿Una cuestión de dinero?

Aunque parezca extraño, la experiencia demuestra que los españoles no siempre anteponen la salud a la hora de destinar su dinero.  Y cuando lo hacen, su inversión, frecuentemente, no toma  el camino adecuado.  Esta curiosa situación se da particularmente en especialidades como la dermatología.

Muchas personas utilizan la crisis económica como excusa para no acudir al dermatólogo.  Sin embargo, no renuncian a una variedad de caprichos, algunos de ellos, incluso, con imbricaciones negativas para su salud.  Este tipo de pacientes suele acudir a la consulta del especialista cuando la situación clínica ha empeorado y su tratamiento resulta más difícil.

Más extendida resulta la posición de quienes, decidiendo invertir en el cuidado de su piel, lo hacen de forma inadecuada  Este segundo grupo empieza recurriendo a una variada gama de  su tratamientos y productos, supuestamente milagrosos, que, en el mejor de los casos, únicamente tienen consecuencias muy negativas para su cartera, cuando no empeoran su estado inicial.  Es cierto que la gran mayoría de estas personas acaban recalando en el dermatólogo, ante la incontestable ineficacia o perjuicio de las prescripciones efectuadas por desaprensivos sin la necesaria preparación científica.

Lo que se demuestra, en ambos casos, es que el dinero es un factor irrelevante a la hora del cuidado de la piel.  En la primera de las situaciones señaladas, la consulta al dermatólogo suele representar, en la mayoría de los casos, una parte ínfima de las sumas que se dedican a gastos superfluos.   Y, en el segundo, lo invertido en productos y tratamientos “milagrosos”, que suelen ser bastante más caros que los verdaderamente eficaces, acaba sumándose al precio de las consultas.  Lo importante no es el dinero, sino lo adecuado o inadecuado de su destino.  Con la salud no debería jugarse nunca, aunque, por desgracia, está visto que algunos se empeñan en hacerlo.

 

Dr. Miguel Aizpún

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