La medida universal

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La medida universal

Que el hombre acaba siendo la medida de todas las cosas es una verdad reiteradamente avalada por la experiencia. Por muy perfecta y sofisticada que sea una máquina, cualquier humano puede, en un ataque de ira o de inconsciencia, destruirla a martillazos. O, lo que es todavía peor, alterar la función del artefacto para fines contrarios a los concebidos o previstos por su inventor. Así ocurre, sin ir más lejos, con el cuchillo ideado para facilitar el manejo de alimentos, cuando es utilizado por un asesino.

El último y más sangrante de estos ejemplos lo tenemos en la terrible catástrofe aérea de los Alpes. La puerta de la cabina del avión, acorazada para impedir la entrada de un terrorista, se convirtió, en la práctica, en su más seguro refugio. Un estremecedor aviso de hasta qué infiernos puede conducirnos la tecnología más avanzada cuando es utilizada de modo inadecuado o con fines malintencionados.

Los avances tecnológicos resultan de gran utilidad en dermatología y han contribuido, muy positivamente, al progreso de la especialidad. Pero la eficacia de estas innovaciones depende, decisivamente, de la destreza de quienes las apliquen y manejen. Sobre esta cuestión resultan muy esclarecedoras estas palabras, extraídas de una entrevista al doctor Pedro Jaén, actual presidente de la Academia: “evidentemente (señala) nos podemos fiar de la tecnología láser para la depilación, aunque la eficacia y las posibles consecuencias dependen de la persona que realice el tratamiento. Con una máquina muy buena de depilación, una persona experta en esa máquina le va a sacar el rendimiento óptimo, mientras que, con esa misma máquina, una persona inexperta puede no tener resultados positivos”. Y concluye con una afirmación clave: “todos los láseres deberían estar en un centro médico”.

Quienes ignoran la tecnología retrasan el progreso. Pero quienes ignoran al hombre lo destruyen. Cuando un buen especialista maneja una máquina avanzada, los resultados son altamente satisfactorios. En dermatología hay, por fortuna,  muchísimos ejemplos.

Dr. Miguel Aizpún

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